Ayuntamientos 2.0

XIV MUESTRA DE CULTURA TRADICIONAL CAMERANA

Presentación de la exposición

"Quien se viste de mal paño dos veces se viste al año"; "El buen paño en el arca se vende"; "Poco a poco hilaba la vieja el copo"... Estos y otros muchos dichos, con indudable sentido metafórico, nos servirían para adentrarnos en los devaneos textiles de antaño.

Tratemos de imaginar el valor de la "ropa" en los siglos pasados...

Dice Covarrubias en su Tesoro de la Lengua Castellana o Española (1610); "Ropa:... Si le damos origen de la lengua toscana, significa la hacienda, donde se comprende todo lo que poseemos; pero vulgarmente llamamos ropa las alhajas de la casa, de seda, paño, lienzo, tapices, colgaduras, etc.

La conquista de ropa barata y para todos, propia de las actuales condiciones consumistas, interpretada hoy, además, como actuación "socializadora", es tan reciente que, tan sólo con echar la vista 40 o 50 años atrás, veríamos un panorama radicalmente distinto.

Entonces no existía la ropa "pret-à-porter, era el alfayate, el sastre, la modista, o quienes hiciesen sus veces, los que venían a solucionar el problema de la vestimenta.

Algo similar ocurría con la ropa blanca, confeccionada por las mujeres de la casa, y cuyos adornos bordados, con más o menos complicación, marcaban el valor e incluso la clase social, sin hablar de las diferencias de calidades en el textil, que las había, y bien que se notaba en el precio.

Poseer un buen ajuar y abundante estaba considerado como la mejor riqueza, y así, en cuanto se podía, se hacía acopio de sábanas, manteles, toallas, o telas sin más, con las que hacer tal o cual cosa.

Capítulo aparte se merece el reciclado de los viejos trapos que acababan por convertirse en magníficas "almazuelas", "ropones", "cobertores", etc.

Entender el valor de la ropa es entender la destreza y oficio que hay que tener para poder producirla, de la dificultad al confeccionarla, del acierto en su ornamentación, y de otros muchos factores que intervendrán hasta darla por acabada.

Una vez más, Ortigosa abre sus casas, sus arcas y sus armarios, para dejarnos ver esa riqueza textil, aumentada por el simple hecho de haber sido conservada a lo largo del tiempo, testigo de los quehaceres y vivencias de nuestras gentes que siguen haciendo historia.

Enrique Martínez Glera [Doctor en Historia del Arte y Anticuario]

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